Pablo Ianiszewski F. | Psicólogo Clínico
Psicología y Psicoterapia Humanista Experiencial
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Pablo
Ianiszewski es
Psicólogo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, con
estudios de Postgrado en Psicología Clínica y Psicoterapia válidos
ante la Comisión Nacional de Acreditación de Psicólogos Clínicos.
De formación constructivista en su base, ha completado estudios en
psicoterapia humanista transpersonal en el IECH, análisis onírico
en el Centro Jung de Buenos Aires y psicoterapia humanista
experiencial en el Instituto Focusing de Chile. Comenzó su trabajo
terapéutico el 2007, concentrándose en ello de forma exclusiva e
ininterrumpida hasta la fecha. Dedicó cuatro años de labor en el
área pública para el Hospital Psiquiátrico Del Salvador en
Valparaíso, donde se formó bajo el rigor del tratamiento con
pacientes graves. Paralelamente desarrolló su actividad en el ámbito
privado en el Instituto de Psiquiatría y Psicoterapia de Viña del
Mar, donde atiende regularmente adultos y adolescentes en
psicoterapia individual desde un enfoque integral basado en la
Psicología Humanista y sus desarrollos posteriores.

“El propósito de mi trabajo con las personas es abrir espacios de escucha interior en aquella profundidad ignorada, en aquel proceso desconocido en donde la mente realiza su encuentro con el cuerpo para alcanzar un estado de plenitud e integración que es base de toda genuina felicidad humana.”
¿Qué es la Psicoterapia Humanista Experiencial?
La
Psicoterapia Humanista Experiencial es un enfoque clínico basado en
el establecimiento de un vínculo terapéutico no-patologizante y
no-culpabilizante, un abordaje desarrollado a partir del trabajo
pionero de Carl Rogers, y que ha continuado enriqueciéndose con los
posteriores aportes de Abraham Maslow, Victor Frankl, Rollo May,
Eugene Gendlin, Les Greenberg y Ann Weiser Cornell entre otros
destacados psicoterapeutas. Su mirada se fundamenta sobre la
confianza en la capacidad de las personas para recuperar el
equilibrio psíquico y sobreponerse a la adversidad, en la medida en
que puedan reconectar con el nivel más profundo y honesto de su
propia experiencia personal. Esto se logra únicamente en el marco de
una relación terapéutica sólidamente cimentada sobre tres
principios básicos:
- La empatía o escucha activa del terapeuta
- La congruencia experiencial o autenticidad del terapeuta
- La aceptación positiva incondicional hacia la persona que busca ayuda
A
partir de estos tres lineamientos guías el terapeuta procura
fundamentar su intervención desde el respeto por la experiencia del
sufrimiento, evitando tanto los juicios de valor como las
interpretaciones desde la propia teoría. Del mismo modo, se evitan
las clasificaciones psiquiátricas y psicopatológicas que en nada
alivian el sufrimiento de quienes nos consultan. Por el contrario, se
busca que la persona pueda recobrar la capacidad de autorregulación
psicológica, apelando a la
tendencia innata
del organismo hacia la expansión e integración de la experiencia
subjetiva. La psicoterapia es entonces un proceso de acompañamiento
en la introspección, basado en una concepción integral del
individuo que reconoce que el flujo
de experiencias
puede verse interrumpido, causando síntomas.
Los
seres humanos existimos y operamos en dos niveles de experiencia
simultáneos. Por un lado experimentamos el nivel
implícito,
en donde vivenciamos las emociones, las sensaciones, los impulsos y
la experiencia inmediata del organismo y su entorno. Por el otro lado
experimentamos de manera concurrente el nivel
explícito,
donde formulamos los significados y conceptualizaciones que organizan
nuestra experiencia de nosotros mismos y del mundo, otorgando un
sentido a lo que nos ocurre. Las distintas clases de malestar
psicológico emergen cuando las capacidades de simbolizar,
significar
y otorgar
sentido
a nivel explícito se fragmentan, llegando incluso a disociarse de la
experiencia inmediata del nivel implícito. Por ponerlo en palabras
sencillas, es como si la mente perdiera su conexión con la
experiencia directa del cuerpo y con las relaciones hacia los demás.
Es gracias a dicha conexión que somos capaces de apropiarnos de
nuestra historia personal y elaborar narrativas y relatos
emocionalmente significativos que nos propulsan a alcanzar metas y
movilizarnos hacia objetivos que fortalecen nuestra identidad y
equilibrio bio-psíquico dentro de una red de relaciones humanas
saludables.
La
investigación en Psicología Humanista ha demostrado que el
organismo se ve permanentemente impulsado hacia el enriquecimiento de
la experiencia, buscando mayores niveles de bienestar, complejidad y
autonomía que generan homeostasis (tendencia actualizante).
Pero en muchas ocasiones esta autorregulación psicológica se ve
obstaculizada porque la conciencia deja de registrar la experiencia
emocional y en consecuencia, los significados de la propia vida se
vuelven rígidos, alienados e inauténticos, respondiendo a
situaciones y demandas exteriores que no coinciden con la vivencia
subjetiva de la persona. Estas situaciones pueden provenir del
presente o del pasado. Surgen entonces la depresión, la angustia, el
pánico, la ansiedad, los bloqueos, las inseguridades, las
obsesiones, las fobias, los desórdenes alimenticios, las
adicciones, el sinsentido, el suicidio y un sinfín de problemas que
se resuelven en la medida en que se retoma el contacto experiencial
para otorgar significado personal a la propia historia.
En
psicoterapia experiencial resulta indispensable trabajar con la
experiencia inmediata a fin de ayudar a la persona en la
amplificación del foco de conciencia, una expansión del darse cuenta que contrarresta la subcepción.
Por
este último concepto entendemos un mecanismo de filtraje mental que tiende a
evadir porciones significativas de la experiencia, que al no ser
registradas por la conciencia se convierten en entidades disociadas, no asumidas y desintegradas dentro de la propia identidad. Ello
detiene la construcción de nuevos significados personales, creando
estancamiento, apatía, impotencia y sufrimiento. Para recobrar la
capacidad de salir adelante con empoderamiento y decisión (agencia
personal)
es imprescindible el aumento del nivel de conciencia y
auto-conocimiento. Gracias a ello es posible mejorar enormemente la
calidad de vida, otorgando prioridad a aquellas experiencias que
aportan al enriquecimiento personal y distinguiéndolas de aquellas
que no. A esta capacidad de autonomía y crecimiento interior le
llamamos valoración
organísmica,
constituyendo la meta última de la terapia.
En
esto juega un rol esencial la experiencia del cuerpo, pues la
vivencia emocional se produce necesariamente en el organismo físico
por medio de sensaciones subjetivas en el aquí y ahora. La
desconexión con la experiencia inmediata produce respuestas
automáticas
y conceptualizaciones viciadas que fuerzan al individuo hacia un
empobrecimiento de su identidad y experiencia en curso, menoscabo que
se manifiesta como desajuste psicológico. El progresivo
entrenamiento terapéutico en el acto de la presencia,
la capacidad de atestiguar y acoger de forma ecuánime la propia
experiencia interior, incide poderosamente en la reconstitución del
Si Mismo, permitiendo un auto-concepto abierto al cambio y una
identidad flexible, en donde se articula una narrativa personal mucho
más congruente y saludable. Un incremento del nivel de conciencia
permite además la aparición de la honestidad
y
la responsabilidad
experiencial
como paso indispensable para superar la culpa, la crítica interna y
las tendencias autodestructivas.
Por
medio de una serie de estrategias dialécticas y experienciales el
terapeuta acompaña en el proceso de exploración del Self
para ayudar a la persona en el camino de reconstituir su vivencia
afectiva y modificar el malestar que le aqueja. Entre las técnicas
empleadas podemos mencionar la introspección,
la evocación, la escucha activa, el continuum de conciencia, el
mindfulness, el focusing (IRF), la intención paradojal, el análisis
transaccional, la imaginería, la psicoplástica y la dramatización
como herramientas esenciales de un proceso de contacto profundo y
directo con uno mismo. Con todo, la psicoterapia es un proceso
relacional que no puede ser referido en el lenguaje formal sin
traicionar la esencia misma de su naturaleza. Es necesario vivirlo
para comprenderlo plenamente.
Nos
alegra poder ofrecer este trabajo terapéutico único en donde la
horizontalidad
del vínculo permite el florecimiento de las capacidades innatas de
cada persona, que respeta el ritmo de cada proceso individual y que
procura volver a conectar la conciencia con la sabiduría
organísmica
que hace posible la recuperación del equilibrio psíquico y el
desarrollo interior de los seres humanos.
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